Ejercicios para redefinir el branding y la línea de tu negocio

Ahora que tenemos limitada la libertad de movimientos en España, así como en muchos otros lugares del mundo, es un buen momento para dedicarnos a pensar en nuestros negocios, empresas y proyectos personales y, tal vez, aprovechar para redefinir su branding y su línea de negocio. En este artículo pretendemos ofrecerte una serie de pasos útiles con los que puedes analizar y proyectar tu negocio y que te ayudarán a redefinir tu actividad profesional, mejorar el branding y enfocar correctamente tus esfuerzos.

Para ello, es necesario primero realizar un análisis detallado de nuestra situación actual, la proyección que nos gustaría trazar hacia el futuro y, por supuesto, el camino que vamos a recorrer para conseguirlo. Podemos plantear este ejercicio como una serie de preguntas que nos tenemos que hacer a nosotros mismos.

¿Dónde nos encontramos en la actualidad?

El primer paso para cualquier análisis de nuestra empresa o marca personal es reflexionar sobre quienes somos en la actualidad, qué hemos conseguido hasta el momento y cómo nos podríamos definir a nosotros mismos. Este paso trata de buscar informaciones muy concisas y claras sobre nosotros mismos, sobre todo:

  • Nombre de nuestra empresa
  • Logotipo
  • Definir qué hacemos en pocas palabras
  • Filosofía
  • Tipo de clientes que tenemos
  • Cómo es nuestro día a día

Esta parte es la más sencilla de realizar, porque nos debemos fijar únicamente en nuestra propia trayectoria y tratar de ser concisos. Sin embargo, es un buen punto para comenzar a darnos cuenta de posibles carencias de rumbo. Por ejemplo, si no nos conseguimos definir a nosotros mismos, de manera precisa y con unas pocas palabras, probablemente significa que realmente no tenemos bien claro el objetivo que nos mueve profesionalmente.

¿Dónde nos gustaría llegar?

Esta parte nos permite pensar en nosotros como personas y como empresa y proyectar todo aquello que nos gustaría conseguir, tanto en lo que respecta a ingresos, carga de trabajo, tipo de clientes que nos gustaría tener en el futuro, etc.

Por supuesto, aquí podemos dejarnos llevar por la imaginación y ser todo lo ambiciosos que queramos, pero siempre con los pies en el suelo. No tiene sentido pensar en que queremos triplicar nuestros ingresos mensuales si no estamos dispuestos a hacer las cosas que serían necesarias para conseguir ese objetivo.

También debemos de tratar de mantener la coherencia, porque a veces los objetivos no encajan con nuestra filosofía o las condiciones en las que nos encontramos. Por ejemplo, no podemos convertir nuestra frutería en un comercio de productos orgánicos y, a la vez, querer mantener la lucha con nuestros competidores a base de precios bajos.

En este punto es interesante buscar la inspiración en diversos proyectos de empresas o profesionales que nos sirvan de referencia. Quizás al ver sus líneas de negocio y las cosas a las que ellos les dan importancia pueda abrir nuestra mente a nuevas ideas, aunque siempre manteniendo las distancias y tratando de quedarnos con las cosas que resulten viables para el tamaño y alcance de nuestro negocio.

Por último, teniendo en mente todos los objetivos que pretendemos perseguir, debemos volver a pensar en nosotros en los términos del punto anterior, para definir de nuevo nuestro nombre, objetivos de la empresa, filosofía y clientes, ya que todos estos parámetros podrían haber evolucionado.

¿Cómo lo vamos a conseguir?

Es muy importante que pensemos en una estrategia para conseguir los objetivos que nos hemos planteado en el punto anterior. Ahora nos tenemos que preocupar por encontrar acciones concretas que nos ayuden a conseguir nuestras metas.

El trazado de nuestras acciones dependerá mucho de los objetivos y de nuestro negocio. Por ejemplo, si tenemos una tienda física y queremos aumentar la cantidad de clientes y la facturación, podríamos haber pensado en abrir nuestro negocio a Internet y las acciones podrían ser:

Por supuesto, nuestros objetivos pueden ser diversos y, por lo tanto, podemos dividirlos en diversos proyectos, donde cada uno puede contener más de una lista de tareas.

¿Qué plazos nos damos a nosotros mismos?

Las acciones que nos planteemos deben tener una fecha determinada en las que deberían estar realizadas. Si no ponemos fechas concretas a nuestras actividades o proyectos, lo más probable es que nunca las lleguemos a terminar.

Estas fechas no pueden ser ni cortas ni largas en exceso. Los periodos deben ser suficientemente generosos, como para que podamos realizar las acciones en un tiempo razonable, sin frustraciones por no haber tenido tiempo suficiente para completarlas. Pero tampoco debemos optar por definir periodos demasiado extensos como para que se pierdan de vista en el futuro, ya que sería prácticamente como no habernos puesto ninguna fecha.

Una vez completados los plazos debemos realizar un análisis sobre cómo nos ha ido y hasta qué punto hemos conseguido los objetivos marcados. Qué hemos aprendido durante el proceso, cómo nuestros proyectos se han tenido que ir amoldando a las circunstancias, etc.

Conclusión

Por supuesto, tenemos que pensar en este proceso como una repetición infinita. Cada cierto tiempo tendremos que volver a empezar, planteando este ejercicio desde el principio y realizando a nosotros mismos todas las preguntas detalladas anteriormente. Ello nos llevará a fijar nuevos objetivos y redefinir el branding, así como nuestra estrategia para los próximos años. Este ciclo resulta muy importante puesto que, si los negocios no evolucionan, tienden a ser cada día menos rentables e ineficientes.